El febrero se nos acaba y es hora de revisar si los retos que nos propusimos al inicio del 2017 se están cumpliendo… Si hacemos una autorreflexión de cómo hemos comido hasta ahora y visualizamos cómo nos gustaría alimentarnos este nuevo año, seguramente, muchas de vosotras pensáis que ciertamente no lo estáis haciendo tan bien como quisierais y más durante este año tan especial si estáis embarazadas. Por eso quiero animaros porque justamente ahora, estáis en el mejor momento para hacer un cambio de rumbo en vuestros hábitos dietéticos.

Ahora que estás embarazada, no solamente tienes que cuidar de tu cuerpo sino que además llevas a alguien muy importante en tu vientre que espera alimento: de verdad.

 

Todo lo que ingerimos, desafortunadamente no es un alimento. Un alimento tiene la condición indispensable de nutrirnos, es decir, de aportarnos “buenos” nutrientes (carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas, minerales…).Hablo de “buenos” nutrientes, porque a menudo, los que aportan algunos productos que comemos, no tienen una procedencia natural o propia del alimento, sino que a través de la industria, se han tenido que añadir de forma artificial porque durante el procesado se han perdido la gran mayoría. ¿Los tienes identificados?

Te invito a que hagas un repaso de todo lo que ingieres y avalúes si es un alimento o es solamente un producto apto para el consumo. Estos últimos, la mayoría de las veces están muy bien diseñados para que nos gusten y hasta nos “enganchen”. He tenido pacientes que estaban tan “enganchadas” a estos productos que cuando comían en un buen restaurante, casi no disfrutaban la comida porque les faltaban sabores a los que estaban acostumbradas y que son derivados de algunos aditivos que además repercuten negativamente en nuestra salud.

Puede ser difícil eliminar estos productos de tu alimentación, pero de lo que estás haciendo ahora a sacar un diez, hay algunos peldaños. Puedes subirlos con paciencia y de forma progresiva, estoy segura, porque hacerlo un poco mejor ya es mucho más que quedarnos donde estamos. Márcate objetivos claros, factibles y a corto plazo, lo vas a conseguir!

Llegados a este punto, espero que compartas conmigo que vale la pena hacer el cambio y pasar de productos aptos para el consumo a alimentos. Las ventajas son innombrables pero estas son las 4 más importantes bajo mi punto de vista:

  • Te vas a sentir menos cansada físicamente y te sentirás con más vitalidad.
  • Vas a tener más claridad mental.
  • Vas a tener menos riesgos de padecer enfermedades (cardiovasculares, diabetes…)
  • Vas a nutrir mejor a tu hij@.

 

¿Aun te parece poco?

Durante el embarazo, nuestro sabio organismo defensa esta nueva vida y cubre perfectamente sus necesidades aunque tu practiques una alimentación nefasta. ¿Cuál es el problema entonces? Pues que utiliza tus reservas de nutrientes con lo cual, tu eres la más perjudicada y tu salud va a empeorar… ten claro que debes cuidarte más que a nadie (excepto tu hij@)!

Para terminar y haciendo referencia al hecho de alimentarnos bien, recuerda que todos los cambios positivos que hagáis con tu pareja, van a estar presentes también en la alimentación familiar, que será la base, el modelo y la referencia de la persona que vas a querer más en tu vida…

¡Te invito a probar el sabor de una alimentación de verdad!

Laia Puigdellívol – dietista / nutricionista infantil y embarazo

*imágenes de mothermag.com